Síndrome Postvacacional: Por Qué Cuesta Tanto Volver a la Rutina
Síndrome Postvacacional: Cuando volver a la rutina cuesta demasiado
Andrés Orive- Psicólogo
El final de las vacaciones suele traer consigo cierta pereza, cansancio o desánimo. Volver a madrugar, recuperar horarios, organizar de nuevo el trabajo, la casa o los estudios y reducir el tiempo de ocio supone un cambio brusco para muchas personas.
Hasta cierto punto, esa sensación es completamente normal.
Sin embargo, en algunos casos la vuelta a la rutina provoca algo más intenso: ansiedad, irritabilidad, dificultad para dormir, tristeza, sensación de agobio o una resistencia muy fuerte ante la idea de regresar al trabajo o recuperar la vida cotidiana.
Es entonces cuando conviene hacerse una pregunta algo más incómoda: ¿realmente el problema es que se han terminado las vacaciones o hay algo en nuestra rutina que necesitamos revisar?
El llamado síndrome postvacacional
Se utiliza con frecuencia la expresión síndrome postvacacional para describir el malestar que algunas personas experimentan al reincorporarse al trabajo después de un periodo de descanso.
No se trata necesariamente de un trastorno psicológico. En muchos casos hablamos simplemente de un proceso de adaptación.
Durante las vacaciones cambian los horarios, dormimos más, disminuyen determinadas obligaciones y aumentan las actividades agradables. Cuando todo eso termina de forma relativamente brusca, nuestro organismo y nuestra atención necesitan unos días para reajustarse.
Es normal, por tanto, que durante ese periodo aparezca cierta apatía, cansancio o falta de concentración.
El problema aparece cuando el malestar es especialmente intenso, se prolonga en el tiempo o empieza a interferir de manera importante en nuestra vida.
Se utiliza con frecuencia la expresión síndrome postvacacional para describir el malestar que algunas personas experimentan al reincorporarse al trabajo después de un periodo de descanso.
No se trata necesariamente de un trastorno psicológico. En muchos casos hablamos simplemente de un proceso de adaptación.
Durante las vacaciones cambian los horarios, dormimos más, disminuyen determinadas obligaciones y aumentan las actividades agradables. Cuando todo eso termina de forma relativamente brusca, nuestro organismo y nuestra atención necesitan unos días para reajustarse.
Es normal, por tanto, que durante ese periodo aparezca cierta apatía, cansancio o falta de concentración.
El problema aparece cuando el malestar es especialmente intenso, se prolonga en el tiempo o empieza a interferir de manera importante en nuestra vida.
Cuando las vacaciones funcionan como una pausa
Durante buena parte del año podemos vivir inmersos en una sucesión casi automática de responsabilidades.
Trabajo, desplazamientos, tareas domésticas, hijos, compras, citas, gestiones y obligaciones ocupan prácticamente todo el espacio disponible. Muchas veces continuamos funcionando porque la propia rutina nos empuja a hacerlo.
Las vacaciones interrumpen temporalmente ese funcionamiento.
Dormimos de otra manera, disponemos de más tiempo, reducimos algunas exigencias y recuperamos actividades que durante el año apenas tienen cabida. Algunas personas descubren entonces que se sienten considerablemente mejor.
Por eso, cuando se acerca el momento de regresar, puede aparecer un contraste muy fuerte.
Y ese contraste contiene información.
Si volver al trabajo provoca todos los años una sensación de angustia muy intensa, si vivimos esperando permanentemente el próximo fin de semana o las próximas vacaciones, o si nuestra vida cotidiana está compuesta casi exclusivamente por obligaciones, quizá no baste con atribuirlo todo al síndrome postvacacional.
Puede ser necesario preguntarnos cómo estamos viviendo durante el resto del año.
No todo se soluciona aprendiendo a adaptarse
En ocasiones se ofrecen recomendaciones muy sencillas para afrontar la vuelta de vacaciones: recuperar los horarios progresivamente, organizar las tareas, dormir bien o reservar algún espacio de ocio.
Todas ellas pueden resultar útiles.
Pero también existe el riesgo de convertir cualquier malestar en un problema individual de adaptación.
No siempre necesitamos aprender a soportar mejor nuestra rutina. A veces necesitamos modificar alguna parte de ella.
Puede haber una sobrecarga laboral mantenida, dificultad para establecer límites, problemas en el entorno de trabajo, ausencia casi total de actividades gratificantes, conflictos familiares o una exigencia personal excesiva.
También puede ocurrir que llevemos meses sosteniendo niveles elevados de estrés y que solo durante las vacaciones nos demos cuenta de hasta qué punto estábamos cansados.
El regreso simplemente vuelve a poner esas dificultades delante de nosotros.
Algunas señales que merece la pena observar
Conviene prestar atención cuando la vuelta a la rutina se acompaña de ansiedad intensa, insomnio persistente, irritabilidad continua, síntomas físicos frecuentes, sensación de incapacidad para afrontar las obligaciones, tristeza mantenida o pérdida significativa de interés por actividades que antes resultaban agradables.
También cuando ese patrón no aparece únicamente en septiembre, sino cada domingo por la tarde, cada vez que terminan unos días libres o ante cualquier reincorporación al trabajo.
En estos casos quizá estemos ante algo más que una adaptación temporal.
La rutina también necesita espacios de bienestar
Las vacaciones no deberían ser el único momento del año en el que descansamos, disfrutamos o sentimos que tenemos tiempo propio.
Una vida psicológicamente saludable necesita cierta presencia cotidiana de actividades agradables, relaciones satisfactorias, descanso, autonomía y espacios en los que no estemos simplemente respondiendo a obligaciones.
Eso no significa transformar completamente nuestra vida de un día para otro.
A veces pequeños cambios tienen un impacto importante: proteger determinados tiempos de descanso, revisar responsabilidades, introducir actividades que habíamos abandonado, establecer límites laborales o cuestionar determinadas exigencias que hemos normalizado.
Y otras veces el malestar puede necesitar una valoración profesional.
La vuelta de vacaciones no tiene por qué convertirse automáticamente en un problema psicológico. Pero tampoco conviene ignorar aquello que aparece una y otra vez cuando retomamos nuestra vida habitual.
Si esa sensación aparece cada septiembre, cada domingo por la tarde o cada vez que termina un periodo de descanso, y sientes que va más allá de un simple reajuste, una valoración profesional puede ayudarte a entender qué hay detrás. En Mentium Psicólogos podemos acompañarte en ese proceso.
Porque a veces no echamos de menos únicamente las vacaciones.
A veces lo que ocurre es que nuestra rutina lleva tiempo pidiendo cambios.
Psicología - Síndrome Postvacacional:
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