Altas capacidades en niños: señales que quizás no estás viendo

Amelia Fuentes – Psicóloga

En muchas ocasiones, cuando en consulta les decimos a los padres que su hijo podría tener altas capacidades, la reacción más frecuente no es de orgullo ni de alivio. Es de sorpresa. A veces incluso se les escapa una risa incrédula. Y es completamente comprensible, porque el niño que tienen delante no encaja con la imagen que todos tenemos en la cabeza: el niño superdotado, brillante, que saca todo sobresalientes y al que el colegio se le queda pequeño.
 
La realidad es mucho más compleja, y mucho más interesante.
En Mentium llevamos años evaluando y acompañando a niños con altas capacidades en Murcia, y a sus familias. Este artículo está escrito para los padres que tienen la sensación de que algo pasa con su hijo, para que puedan identificar si se encuentran con un niño con un perfil cognitivo que va a necesitar atención, acompañamiento y compresión para un correcto desarrollo.
señales altas capacidades niños

Por qué es tan difícil en ocasiones reconocer las altas capacidades

El perfil del niño con altas capacidades que todos conocemos: curioso, brillante, avanzado en todo; existe, pero no es el único. Muchos niños presentan lo que se llama un perfil cognitivo irregular: destacan mucho en unas capacidades y no tanto en otras. Eso hace que ni los padres ni los propios docentes lo detecten fácilmente.
Además, algunas de las características más frecuentes en estos niños no se asocian intuitivamente con la inteligencia. Se asocian con el mal comportamiento, con la terquedad, con la inmadurez, o simplemente con un niño «difícil». Y eso tiene un coste emocional enorme, tanto para el niño como para la familia.

¿Un niño con altas capacidades siempre saca buenas notas? No.

Algunas de los rasgos más conocidos son la facilidad para adquirir conocimientos, el tipo de  lenguaje utilizado (en ocasiones parece que estamos hablando con un adulto, incluso cuando su edad es baja) o incluso una elevada curiosidad (a veces insaciable); pero, como decíamos al inicio, no siempre un niño que presenta un elevado nivel cognitivo se ajusta a este perfil.
 
Podemos estar ante un niño con altas capacidades con un perfil cognitivo “irregular”, es decir, con diferentes puntuaciones en distintas capacidades.

10 señales que pueden indicar altas capacidades en tu hijo

Ninguna de estas características por sí sola es concluyente. Pero si tu hijo presenta varias de ellas, y además hay malestar en casa o dificultades en el colegio, merece la pena hacer una valoración.
  •  Tiende a negociar constantemente: Cuestiona las decisiones de los adultos y busca siempre soluciones intermedias. Muchos padres describen esta cualidad como “agotadora”. No es desobediencia: es una mente que no acepta fácilmente las cosas sin entenderlas.
  • Tiene una autonomía desigual: Puede hacer cosas de forma completamente autónoma en algunas en algunas o muchas actividades (“yo solito”), y en otras pedir mucha más ayuda de lo esperado para su edad. Esta irregularidad confunde a los padres y a los profesores.
  •  Se aburre con facilidad, y el aburrimiento le genera malestar real: No es un «me aburro» dicho de pasada. Es una queja frecuente y genuina. Para estos niños el aburrimiento puede llegar a producir una sensación parecida a la angustia, algo que el adulto que está con ellos puede percibir claramente.
  • Necesita entender el porqué de todo: Le cuesta mucho aceptar un «porque sí». Cuando no entiende por qué alguien se comporta de cierta manera, puede pasarlo realmente mal. Esto les lleva, de nuevo, a cuestionar decisiones del adulto, lo que algunos padres describen como una lucha constante.
  • Tiene intereses muy intensos: Cuando algo le apasiona, se lanza de cabeza. Acumula información, invierte mucho tiempo, puede parecer que se obsesiona. Esos intereses cambian con el tiempo, pero mientras duran son totales.
  • Es muy perfeccionista: El error le genera un malestar intenso y desproporcionado. Le cuesta mucho integrarlo como parte del aprendizaje. Esto puede llevarle a evitar tareas en las que no se siente seguro de hacerlo bien.
  • Tiene una intensidad emocional muy alta: Vive las emociones con mucha fuerza, tanto las agradables como las difíciles. Puede tener dificultades para regularlas, especialmente ante la frustración o ante situaciones que considera injustas.
  • Se anticipa y necesita controlar lo que va a pasar: Pregunta constantemente qué vamos a hacer mañana, con quién, a qué hora. Si no puede anticipar lo que va a ocurrir, aparece la ansiedad. Es una forma de gestionar la incertidumbre.
  • Se siente diferente y le cuesta encajar: Con frecuencia siente que no es como los demás, y eso puede dificultar las relaciones sociales o hacer que le resulten poco estimulantes. No es que no quiera relacionarse: es que le cuesta encontrar a alguien con quien conectar de verdad.
  • Está desmotivado o rechaza el colegio: Puede parecer contradictorio, pero es uno de los signos más frecuentes y más ignorados. Un niño con altas capacidades puede tener resultados académicos mediocres, mostrar falta de interés o incluso rechazo activo al entorno escolar. Cuando el ritmo del aula no está a su altura, el aburrimiento y la frustración pueden derivar en desenganche total.
Tiende a negociar constantemente:

Cuestiona las decisiones de los adultos y busca siempre soluciones intermedias. Muchos padres describen esta cualidad como “agotadora”. No es desobediencia: es una mente que no acepta fácilmente las cosas sin entenderlas.

Tiene una autonomía desigual:

Puede hacer cosas de forma completamente autónoma en algunas en algunas o muchas actividades (“yo solito”), y en otras pedir mucha más ayuda de lo esperado para su edad. Esta irregularidad confunde a los padres y a los profesores.

Se aburre con facilidad, y el aburrimiento le genera malestar real:

No es un «me aburro» dicho de pasada. Es una queja frecuente y genuina. Para estos niños el aburrimiento puede llegar a producir una sensación parecida a la angustia, algo que el adulto que está con ellos puede percibir claramente.

Necesita entender el porqué de todo:

Le cuesta mucho aceptar un «porque sí». Cuando no entiende por qué alguien se comporta de cierta manera, puede pasarlo realmente mal. Esto les lleva, de nuevo, a cuestionar decisiones del adulto, lo que algunos padres describen como una lucha constante.

Tiene intereses muy intensos:

Cuando algo le apasiona, se lanza de cabeza. Acumula información, invierte mucho tiempo, puede parecer que se obsesiona. Esos intereses cambian con el tiempo, pero mientras duran son totales.

Es muy perfeccionista:

El error le genera un malestar intenso y desproporcionado. Le cuesta mucho integrarlo como parte del aprendizaje. Esto puede llevarle a evitar tareas en las que no se siente seguro de hacerlo bien.

Tiene una intensidad emocional muy alta:

Vive las emociones con mucha fuerza, tanto las agradables como las difíciles. Puede tener dificultades para regularlas, especialmente ante la frustración o ante situaciones que considera injustas.

Se anticipa y necesita controlar lo que va a pasar:

Pregunta constantemente qué vamos a hacer mañana, con quién, a qué hora. Si no puede anticipar lo que va a ocurrir, aparece la ansiedad. Es una forma de gestionar la incertidumbre.

Se siente diferente y le cuesta encajar:

Con frecuencia siente que no es como los demás, y eso puede dificultar las relaciones sociales o hacer que le resulten poco estimulantes. No es que no quiera relacionarse: es que le cuesta encontrar a alguien con quien conectar de verdad.

Está desmotivado o rechaza el colegio:

Puede parecer contradictorio, pero es uno de los signos más frecuentes y más ignorados. Un niño con altas capacidades puede tener resultados académicos mediocres, mostrar falta de interés o incluso rechazo activo al entorno escolar. Cuando el ritmo del aula no está a su altura, el aburrimiento y la frustración pueden derivar en desenganche total.

El hecho de que un niño presente varias de estas características no significa que tenga esta condición, pero el que aparezcan un número elevado de ellas, unido a que esté presente el malestar o la dificultad de relación en casa o el cole, sí que nos indicaría que merece la pena hacer una valoración, ya que conocer implica poder actuar de forma adecuada, hacer un buen acompañamiento a nuestro hijo, ayudarle a encontrar sus pasiones, comprenderlo y validarlo.

Si ya tienes diagnóstico: lo que marca la diferencia

Tener el diagnóstico es importante, pero no es el punto de llegada. Es el punto de partida. Saber que tu hijo tiene altas capacidades te permite acompañarle de forma diferente: entender su intensidad emocional sin patologizarla, validar su necesidad de profundidad, ayudarle a encontrar sus pasiones, y trabajar con el colegio para que el entorno se adapte en la medida de lo posible.

 

Muchos de estos niños llegan a consulta no por sus capacidades, sino por lo que viene con ellas: ansiedad, baja tolerancia a la frustración, dificultades sociales, o simplemente el agotamiento de sentirse siempre fuera de lugar. El acompañamiento psicológico no busca cambiar cómo es el niño, sino ayudarle a entenderse y a desenvolverse mejor en el mundo.

¿Cuándo consultar?

Si tu hijo presenta varias de las características descritas y además hay malestar persistente —en casa, en el colegio, o en las relaciones con otros niños— es un buen momento para pedir orientación profesional.

No hace falta esperar a que el problema sea grande. Cuanto antes se identifica el perfil de un niño, antes se puede actuar de forma adecuada.

En Mentium Psicólogos  podemos ayudarte a detectar señales que apunten a este perfil y acompañar tanto al niño como a la familia en el proceso. Si hay dificultades emocionales asociadas (ansiedad, frustración, dificultades sociales) trabajamos con ellas para que tu hijo pueda desarrollarse con el apoyo que necesita. Pide tu primera cita y lo valoramos juntos.

Psicologia - Altas capacidades en niños:

Estamos en Calle Sagasta 9, bajo, Murcia.

Puedes contactarnos en el 968 073 134 o escribirnos a info@mentiumpsicologos.com

10 señales que quizás no estás viendo

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